Concluida en 1873, surgió de la necesidad del poblado, de contar con una capilla propia dado el aumento progresivo de la población. Los vecinos donaron tierras y materiales para construir una capilla en advocación a San Isidro, aunque tiempo después este lugar pasaría para Nuestra Señora de los Dolores. En 1986 fue declarada Monumento Histórico Provincial.
El Padre Ramos, por aquel entonces, prometió un bote de ginebra a quien transplantara un arbolito que crecía en medio del atrio. Ese “arbolito” con el tiempo albergaría bajo su sombra las clases del primer maestro de la ciudad: Don “Pancho” Luján y sus alumnos. Hoy en día es el gran aguaribay histórico que visualizamos en la parte delantera de la capilla que carga con más de cien años.